miércoles, 27 de agosto de 2008

Cuentos de Película - Parada 114

Yo nací en Parada 114, en una tarde de primavera en la que mi madre salió para comprar papas del otro lado de la ruta. Nací en medio del polvo del camino secundario por el que pasaban uno o dos vehículos por día, bajo el techo del refugio que marca el kilómetro 114.
Ese año vivían en el pueblo cuarenta y siete personas y trece más en las chacras de los alrededores. Lo sé muy bien porque siempre me dijeron que yo había sido el habitante número sesenta y uno. El que nació en el camino, el que parecía estar siempre esperando ver qué o quién llegaba. De pequeño me pasaba horas sentado en el banco del refugio, mirando la ruta por donde creía que él llegaría algún día. Cuando caía el sol, mi madre venía a buscarme y me miraba con ojos tristes.
-Vamos a casa, el aire ya está frío – y yo la seguía para el rancho, sabiendo que al otro día después del colegio y de las tareas en el gallinero, volvería a instalarme en el banco, esperando.
Creo que dejé de hacerlo cuando cumplí quince años. Para esa época ya tenía el mote de opa en el pueblo y empezaba a darme cuenta de que se relacionaba con el tiempo que yo pasaba sentado, sin hacer otra cosa que mirar la lejanía, en el banco de la parada 114. Mi madre lo notó, pero como nunca fue muy conversadora sólo me dijo
- Estás creciendo... ya sos casi un hombre – creo que estaba calculando el tiempo que tardaría en preguntarle directamente por él. Pasó un año más hasta que lo hice y otro año hasta que conseguí un nombre y una ciudad. Por fin, cuando cumplí dieciocho armé un bolso, le di un beso a mi madre y salí del pueblo. Al pasar por la parada 114 el viento de primavera arremolinaba el polvo seco.
Estoy de vuelta, parado delante de la puerta de mi casa, a un minuto de reencontrar a mi madre, sentada en la mecedora, tejiendo. Sé que me mirará con sus ojos tristes, cómo si no hubieran pasado tres años y me alcanzará un mate dulce. Lo que yo pueda haber encontrado, o no, en la ciudad, ya no nos importará. Parada 114 es nuestro lugar.
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Autor:
Irene Fassi, asiste al Taller de Escritura Creativa de Graciela Castellanos, del Centro de Participación Cultural de la Costa. Su mail es irene.fassi@hotmail.com

lunes, 25 de agosto de 2008

Biblioteca Infantil y Juvenil ''Había Una Vez''

La biblioteca Había una Vez se especializa en literatura dedicada a niños y jóvenes. Además de sus libros, brinda servicios como talleres de lengua, lectura y escritura creativa.

Su bibliotecaria es Susana Navone.

Virrey Loreto 2832 Munro
4756-5043

domingo, 24 de agosto de 2008

24 de agosto - Día del Lector




El 24 de agosto se cumplen 109 años del nacimiento de Jorge Luis Borges, uno de los máximos exponentes de la literatura argentina.
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La efeméride fue aprobada por ley en la Legislatura porteña el jueves último, con el objetivo de rendir homenaje a quienes disfrutan de la lectura.
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¡Feliz día, lectores!

sábado, 23 de agosto de 2008

Cuentos de Película - Rojas

La preceptora nos pidió que, sentados, esperásemos en silencio a la nueva profesora. Los más bravos se pararon y alguno hasta se animó a tirar un bollo de papel. Las chicas siguieron con sus charlatanerías y los del fondo comenzaron a golpear sus escritorios con ritmo murguero. Le comenté a mi compañero de banco que la suplente sería la salvación; nadie podía ser tan implacable como Rodríguez, el profesor titular de biología, a la hora de una prueba. Con unos buenos machetes podría alcanzar el nueve que necesitaba para no llevarme la materia a diciembre.
- Alumnos, de pie, la señora Rojas.
El silencio irrumpió en el aula una vez que la puerta estuvo abierta. Tenía el cabello negrísimo, largo casi hasta la cintura, la piel blanca como una perla y los labios pintados de un rojo carmesí que hacía juego con las enormes flores estampadas en su vestido beige. El golpeteo de sus tacos contra el piso la acompañó hasta que estuvo parada al frente de la clase. Una voz grave y melódica quebrantó aquel mutismo.
- Soy la profesora suplente de biología, mi nombre es Miriam Rojas y vamos a estar juntos hasta fin de año, así que espero nos llevemos bien. Pueden sentarse.
Las chicas se miraron con gestos incrédulos de tener frente a sí a una mujer tan bonita. Algunos varones se patearon por debajo de los bancos y otros no necesitaron siquiera hacer una mueca.
- Es la viuda de la vuelta de la canchita –pensé en voz alta - La conozco, esta mina a mi viejo lo tiene loco – le susurré a boca torcida a mi compañero, aprovechando el barullo que todos hicieron al sentarse.
No lo podía creer. A la tal Rojas, en el entretiempo de un partido en la sociedad de fomento, mi viejo le dijo un piropo y la mina se dio vuelta y le pegó un cachetazo. Observé todo desde la puerta del club, pero para que mi viejo no se sintiera mal, jamás le confesé que había presenciado aquella escena. Más de una vez la había visto en las cercanías de la canchita y siempre me llamó la atención el blanco níveo de su piel y la tersura de sus piernas. Mi vieja, a la que no se le escapa nada, me dijo un día que la cruzamos cerca del Vélez.
- ¿A vos también te parece linda esa señora, no? A tu papá ya lo agarré mirándola desde los ventanales del club. Hace poco enviudó y creo que es profesora o algo así.
Cuando la preceptora anunció que Rodríguez había pedido licencia por enfermedad, todos sentimos un gran alivio. A pocos les interesó la gravedad de lo que padecía; lo realmente importante era que a la hora de rendir el examen de fin de año fuera otra persona, y no él, quien estuviese al frente del aula.
De nuestro convaleciente profesor de biología podían destacarse muchas cosas: los impecables trajes, el brillo de cada una de las hebillas de su maletín de cuero, su portentosa voz, la claridad para explicar la lección de turno o la templanza para decirle a cualquiera que no tenía la menor idea de lo que estaba hablando, pero sin duda, su principal cualidad era la sagacidad que tenía para darse cuenta que uno se estaba copiando.
Cuando Rodríguez tomaba una prueba caminaba entre las filas de bancos simulando examinar su corbata, estudiar las manchas de humedad del techo o contabilizar las baldosas del piso, pero todos sus sentidos estaban, en realidad, atentos a atrapar al malhechor que quisiera copiarse de algún machete o a aquel que intentara, a tontas y locas, buscar ayuda en el compañero más próximo, que siempre estaba lejos, ya que Rodríguez dividía la clase en seis temas.
Dios había escuchado tanto ruego y se había apiadado de nosotros y del resto de las divisiones que lo tenían a cargo de su materia. “El inmortal”, como lo venían llamando en secreto innumerables camadas de alumnos del Nacional 23, estaba enfermo, y con ello decenas de chicos habían resucitado: el milagro de aprobar biología era posible.
- ¿Alvarez?
- Presente, señorita – respondió, bajo la hipnosis de aquellos labios rojos, el primero de la lista.
La verdad es que era muy bonita la nueva profesora. Desde el día que le pegó el bife a mi viejo, comencé a buscar cualquier excusa para ir al club con el deseo de cruzármela por el barrio. Se me fue tornando una obsesión que se acentuó el día que entró al aula y supe que la tendría frente a mí, al menos, tres horas por semana. A partir de aquel momento biología se transformó en mi materia favorita. Estudié denodadamente cada lección que ella explicó y a la clase siguiente siempre fui el primero en levantar la mano para contestar sus preguntas. Creo que a partir de la cuarta clase ella comenzó a mirarme de una manera distinta. En un juego, para el que tuve que reunir muchas agallas, decidí que la miraría a los ojos tiempo completo, hasta que ella lo notara; y lo notó.
Evitaba mirarme, y cuando yo levantaba la mano para responder me decía: “usted contesta siempre, deje que participen los demás”. Seguí estudiando y seguí levantando la mano, hasta que llegó el día del examen de fin de año. Estaba preparado como nunca lo había estado para una prueba y no me asustaron las veinte preguntas que nos planteó.
Me extendí tanto en las respuestas que cuando sonó el timbre del recreo aún me faltaban responder tres preguntas. Le pedí a la profesora continuar bajo su supervisión, pero de nuevo, sin mirarme, me dijo que el tiempo se había terminado para todos.
En caso de tener todas las respuestas correctas, a cincuenta centésimos por pregunta, calculé que nunca iba a llegar al nueve que necesitaba. En el recreo me acerqué hasta la sala de profesores y pedí hablar con ella un minuto.
- Ya le dije, Panzotti, el examen terminó.
- Es que necesito un nueve, y no sé si llego.
- Se hubiera acordado antes. Ahora, discúlpeme, tengo que ir a otra clase.
Cuando nos devolvió el examen y vi que me había sacado un ocho cincuenta quise llorar, pero aguanté estoico. Esa mañana ella tenía puesto el mismo vestido beige con flores rojas que había traído el día que llegó al colegio, los mismos zapatos y el mismo rojo en los labios. Quise hablarle, pero mirándome fijo a los ojos se negó a escuchar mis súplicas.
- Panzotti, este no es el momento ni el lugar – susurró arqueando sus cejas.
Quedé atónito, intentando comprender aquella frase. Fui hasta mi banco y estrujé lentamente aquella prueba, pensando cuál sería el momento, y cuál el lugar. A la tarde, en casa, le comenté todo al desenfadado de mi hermano mayor, que sin titubear me dijo: “¿No me dijiste una vez que sabias donde vive? Esa mina quiere que vayas a la casa. Hacele caso a tu hermanito” me palmeó el hombro y se fue con el mate a la cocina. Una vez, poco antes de que se presentara como profesora suplente, la había seguido sin que se diera cuenta; vivía justo atrás de la canchita.
Fui a preparar el bolso para irme a entrenar al club con el consejo alocado de mi hermano dando vueltas en la cabeza. En pleno entrenamiento, en el partido que jugábamos titulares contra suplentes, me quedó la pelota picando frente al arco que estaba de espaldas a su casa. Nunca supe si lo hice adrede, pero le pegué tan mal a aquella pelota que pasó por arriba del alambrado y fue a dar, calculamos todos en ese momento, a la casa de la vecina. Cuando terminó el entrenamiento, el técnico no me dejó escapatoria.
- Dale, burro, vos la colgaste, vos la vas a buscar.
Salí corriendo seguro de lo que iba a hacer, pero cuando estaba dando vuelta a la esquina, a treinta metros de la casa de Rojas, fui aminorando el paso. La presentación de la profesora, el vestido beige, los labios rojos, la pregunta dieciocho y el consejo de mi hermano me pasaron por la mente como una película. Mis pasos se fueron acortando y estaba más transpirado en ese momento que cuando hicimos la entrada en calor. Me detuve frente a la puerta de madera, acomodé un poco mis rulos, respiré hondo y toqué el timbre.
Estaba más bella que nunca, con una camisola blanca y una pollerita de jean. No recuerdo si tenía puesto algo en los pies.
- A buen entendedor, pocas palabras, Panzotti – me tomó de la mano y me llevó sin rodeos hasta su cuarto.

Autor:
Adrián Tanus participa del taller literario de Santiago Espel, en Biblioteca Bernardo Delom. Su mail es adrianmt2000@yahoo.com.ar, y su teléfono 15-6162-8708. Sus escritos pueden encontrarse en: www.cuatropuentes.blogspot.com

jueves, 21 de agosto de 2008

Oliverio Girondo


París, diciembre, 1922

Querido Evar: Un libro -y sobre todo un libro de poemas- debe justificarse por sí mismo, sin prólogos que lo defiendan o lo expliquen ¡Qué quieren ustedes! A veces los nervios se destemplan. Se pierde el coraje de continuar sin hacer nada... ¡Cansancio de nunca estar cansado! Y se encuentran ritmos al bajar la escalera, poemas tirados en medio de la calle, poemas que uno recoge como quien junta puchos en la vereda.Lo que sucede entonces es siniestro. El pasatiempo se transforma en oficio. Sentimos pudores de preñez. Nos ruborizamos si alguien nos mira la cabeza. Y lo que es más terrible aún, sin que nos demos cuenta, el oficio termina por interesarnos... Irremediablemente terminamos por escribir: Veinte poemas para ser leídos en el tranvía. ¿Voluptuosidad de humillarnos ante nuestros propios ojos? ¿Encariñamiento con lo que despreciamos? No lo sé. El hecho es que en lugar de decidir su cremación, condescendemos en enterrar el manuscrito en un cajón de nuestro escritorio, hasta que un buen día, cuando menos podíamos preverlo, comienzan a salir interrogantes por el ojo de la cerradura: ¿Para qué publicar? Ustedes no lo necesitan para estimarme...' Pero como el amigo resulta ser apocalíptico e inexorable, nos replica: porque es necesario declararle como tú le has declarado la guerra a la levita, que en nuestro país lleva a todas partes; a la levita con que se escribe en España, cuando no se escribe de golilla, de sotana o en mangas de camisa. Porque es imprescindible tener fe, como tú tienes fe, en nuestra fonética, desde que fuimos nosotros, los americanos, quienes hemos oxigenado el castellano, haciéndolo un idioma respirable, un idioma que puede usarse cotidianamente y escribirse de «americana», con la «americana» nuestra de todos los días... ¿Publicar? ¿Publicar cuando hasta los mejores publican 1.071 veces más de lo que debieran publicar? Yo no tengo, ni deseo tener, sangre de estatua. Yo no pretendo sufrir la humillación de los gorriones. Yo no aspiro a que me babeen la tumba de lugares comunes, ya que lo único realmente interesante es el mecanismo de sentir y de pensar. ¡Prueba de existencia! Yo, al menos, en mi simpatía por lo contradictorio -sinónimo de vida- no renuncio ni a mi derecho de renunciar, y tiro mis Veinte poemas, como una piedra, sonriendo ante la inutilidad de mi gesto.

(Fragmento de Carta Abierta a 'La Púa', publicada como prólogo de 'Veinte poemas poemas para leer en el Tranvía')

miércoles, 20 de agosto de 2008

Umberto Eco cree que la gente lee porque está insatisfecha

"Odio a los escritores que dicen escribir para sí mismos. Lo único que escribimos para nosotros es la lista de la compra", afirma el escritor italiano.

Budapest. (EFE).- El escritor italiano Umberto Eco dijo en Budapest que la literatura es muy importante para muchas personas porque "nuestra propia vida no nos satisface, así que leemos".

Eco, invitado de honor del XIV Festival Internacional del Libro que se celebra a partir de este sábado en la capital húngara, explicó a la prensa que la gente sabría mucho menos de sí misma sin la literatura, "que nos enseña cuál es nuestra tarea". Según el escritor, la literatura en nuestros tiempos funciona como "una versión moderna de la mitología". El autor de novelas de éxito como "El nombre de la rosa" y clásicos de la Semiótica como "La estructura ausente", asegura que "el escritor siempre comunica con alguien", con el público. "Odio a los escritores que dicen que escriben para sí mismos", dijo. "Lo único que escribimos para nosotros mismos es la lista de la compra", añadió. Respecto a la prensa, opina que los periodistas publican noticias y entrevistas sin interés para rellenar espacio. "Cuando un periodista me pregunta a mí sobre mi última novela, eso es un crimen contra el lector, ya que yo no diré nada malo de mi obra", resaltó. La última novela de Eco, "La misteriosa llama de la reina Loana", tiene un protagonista que "pierde su memoria biográfica", algo que considera mucho más grave que el olvido de los conocimientos. "Me importa un rábano perder mi sabiduría científica, pero la pérdida de los recuerdos de la infancia es algo muy serio", dijo. Por otra parte, Eco, que tiene una larga experiencia como docente universitario, no considera tan grave el problema planteado por los especialistas sobre la cada vez menor capacidad de los jóvenes para entender lo que leen. "Antes había un índice de analfabetismo mucho más alto que ahora" y además "la internet obliga otra vez a la gente a leer", apuntó. "Esta es la época en la que más gente lee y la mayoría de ellos son jóvenes. Si no fuera así, ¿quiénes serían los que hacen fila para comprar libros en las gigantescas librerías?", preguntó Eco. El Festival Internacional del Libro es la cita más importante en Hungría sobre creación literaria y cada año cuenta con un escritor y un país como invitados de honor, que en 2006 fueron España y Jorge Semprún.

Artículo publicado en el diario español La Vanguardia el 16/04/08

martes, 19 de agosto de 2008

Las Palabras

Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan.Me posterno ante ellas... Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito... Amo todas las palabras. Las inesperadas... Las que glotonamente se esperan, se escuchan, hasta que de pronto caen...
Vocablos amados. Brillan como piedras de colores, saltan como platinados peces, son espuma, hilo, metal, rocío... Persigo algunas palabras...
Son tan hermosas que las quiero poner en mi poema. Las agarro al vuelo cuando van zumbando, y las atrapo, las limpio, las pelo, me preparo frente al plato, las siento cristalinas, ebúrneas, vegetales, aceitosas, como frutas, como algas, como ágatas, como aceitunas... Y entonces, las revuelvo, las agito, me las bebo, las trituro, las libero, las emperejilo...
Las dejo como estalactitas en mi poema, como pedacitos de madera bruñida, como carbón, como restos de naufragio, regalos de la ola.
Todo está en la palabra. Una idea entera se cambia porque una palabra se trasladó de sitio, o porque otra se colocó dentro de una frase que no la esperaba...
Tienen sombra, transparencia, peso, plumas. Tienen todo lo que se les fue agregando de tanto rodar por el río, de tanto trasmigrar de patria, de tanto ser raíces... Son antiquísimas y recientísimas. Viven en el féretro escondido y en la flor apenas comenzada...
Qué buen idioma el mío, qué buena lengua heredamos de los conquistadores torvos. Estos andaban a zancadas por las tremendas cordilleras, por las Américas encrespadas, buscando patatas, tabaco negro, oro, maíz con un apetito voraz.
Todo se lo tragaban, con religiones, pirámides, tribus, idolatrías... Pero a los conquistadores se les caían de las botas, de las barbas, de los yelmos, como piedrecitas, las palabras luminosas que se quedaron aquí, resplandecientes... el idioma. Salimos perdiendo... salimos ganando. Se llevaron el oro y nos dejaron el oro. Se llevaron mucho y nos dejaron mucho...
Nos dejaron las palabras.

(Pablo Neruda - Confieso que he vivido - Fragmento)

Taller Literario Para Adultos

Se trata de un espacio de expresión y goce a través del acercamiento a los autores más iluminados de la literatura mundial y de la expresión escrita individual. Por medio de ambas labores se invitará a explorar las diferentes formas expresivas que ayuden a encontrar el propio estilo literario. Es un taller de tipo temático donde se trabajan temas tales como la soledad, el miedo, la locura, entre otros.
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Coordina Carla Demark
Jueves a las 18hs.
Biblioteca Nora Bombelli
Francia 3569- Florida
4730-2220
(Aranceles accesibles)

Encuentros de Lectura

Los invitamos al taller de lectura que se realizará todos los miércoles en la bilbio durante una hora, para que juntos descubramos el placer que produce un libro. El espacio está abierto para adultos de ambos sexos y para aquellos que tengan dificultades visuales, entre otras.

Coordina Alicia Vilano
Miércoles a las 16hs.
Biblioteca Nora Bombelli
Francia 3569- Florida
4730-2220
(Aranceles accesibles)

lunes, 18 de agosto de 2008

Ideas para que la lectura se vuelva un hábito contagioso

RESISTENCIA.- "La lectura es cuna y herencia. Si los padres leen, los chicos van a leer." María Esther Allende la tiene clara. Es una de las 700 voluntarias culturales del programa Abuelas y Abuelos Leen Cuentos, creado hace una década por la Fundación Mempo Giardinelli, y todas las semanas se acerca a la escuela a leerles cuentos a los chicos.

Llegó hace unos días desde Luján para no perderse el 13° Foro Internacional por el Fomento del Libro y la Lectura, que reúne a escritores, editores y representantes del mundo de la cultura y la educación para analizar experiencias y reflexionar sobre el lema "Leer abre los ojos". La conferencia inaugural estuvo a cargo del crítico Noé Jitrik.

Mas allá de las campañas oficiales de lectura y la creación de bibliotecas escolares, hay muchas sugerencias para estimular el placer de leer, según las propuestas recogidas por LA NACION. Leer en voz alta en las casas, equipar con buena literatura las salas de espera de los consultorios médicos, dedicar en la escuela minutos de lectura por puro placer y fortalecer los encuentros de docentes con escritores son experiencias que podrían ponerse en marcha con un poco de recursos y mucho de inteligencia, decisión y voluntad.

La escritora Tununa Mercado promovió reemplazar "las revistas obsoletas en los consultorios y ofrecer espacios de lectura sin la interferencia de la radio, la televisión y el celular". Sugirió que "los ómnibus de larga distancia no apaguen la luz a la noche para que la gente pueda leer" y "enseñar a leer de pie, en la fila de un banco o en la calle, al estilo de los monjes que caminaban leyendo en los conventos".


Para Mempo Giardinelli, organizador del foro desde hace 13 años, la premisa es la lectura por placer. Así, los abuelos cuenta cuentos recorren las escuelas de todo el país con consignas estrictas: pasan 20 o 30 minutos en las aulas con los chicos y los docentes tienen prohibido hacerlos trabajar después sobre los textos leídos. "Nada de redactar oraciones, subrayar sustantivos o encargarles dibujos. Queremos inculcarles la lectura por placer", contó Natalia Porta López, coordinadora del grupo de Resistencia.

"La experiencia se extendió a hospitales, geriátricos, comedores y hogares de día", agregó Adela Rattner, coordinadora nacional del programa, que en 2006 se amplió a todo el país, a partir de un convenio con el Ministerio de Educación y el PAMI.

"La consigna es leer con amor y por placer", explicó Giardinelli, que promueve dos acciones en las escuelas: que los maestros abran la jornada con una lectura en voz alta de cinco minutos, para compartir con los alumnos un texto que les guste, y terminarla con diez minutos de lectura libre y silenciosa de los propios chicos.

Guillermo Saccomano, autor de El buen dolor , consideró fundamental el trabajo entre docentes y escritores. "Tenemos que lograr que un escritor vaya a un aula y se encuentre con chicos y docentes que lo hayan leído". En tanto, Pedro Mairal, autor de El año del desierto , no confía en imponerles a los chicos la lectura. "Hay que acercarles los libros y que ellos elijan, que sientan la libertad y el placer de hacerlo."
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La escritura e Internet

"El problema básico de la escritura en Internet es que los blogs no tienen filtros de calidad. El autor escribe y se publica a sí mismo y no interviene un editor", advirtió el escritor mexicano Sealtiel Alatriste, quien transmitió una singular experiencia. Se trata de Caza de Letras, un concurso por Internet lanzado el año último por él en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), basado en el estilo y el formato de Gran Hermano . Fue un concurso literario abierto a escritores jóvenes, que todos los días escribían sus cuentos y poesías en un sitio de Internet. Un jurado de escritores y críticos evaluaba sus trabajos y, junto con el voto de la gente, se iba eliminando de a uno a los participantes, hasta llegar a un ganador. "Hubo 250.000 visitas en ocho semanas", dijo Alatriste.

Para la escritora Patricia Sagastizábal, "así como los amigos se juntan para comer o jugar a las cartas, es bueno que lo hagan para leer".

Artículo publicado por el diario La Nacion el 18/08/08

lunes, 11 de agosto de 2008

Como Una Novela

"Nunca se hará comprender a un muchacho que se encuentra, por la noche, en mitad de una historia cautivadora; nunca se le haraá comprender, mediante a una demostración limitada a él mismo, que debe interrumpir su lectura e ir a acostarse."

Es Kafka quien dice esto en su diario; el pequeño Franz, cuyo papá hubiera preferido que se pasase todas las noches de su vida haciendo cuentas.

(Daniel Pennac)

domingo, 10 de agosto de 2008

La Palabra Como Herramienta

El taller literario de Santiago Espel es un espacio de debate y reflexión sobre la escritura y la lectura. Un lugar de trabajo, donde corregir, buscar la voz propia, adquirir recursos estilísticos, abordar estrategias de lectura para ampliar el propio campo. Se trabaja a partir de consignas individuales y colectivas, improvisación escrita, panoramas históricos de géneros literarios. Prosa y poesía.

Está destinado gente que, con o sin experiencia en la escritura, esté interesada en la palabra como herramienta para comunicar. Es lo básico, el impulso primero para acercarse a un taller. Después llegan los conceptos, los temas puntuales del escribir y leer. Y en una última instancia el trabajo que debe acometer alguien comprometido con la literatura, aquellos que “quieren ser escritores”.

Lunes de 18.30 a 20hs.
Gral. Urquiza 1489 - Vicente López
Biblioteca Bernardo Delom
Coordina Santiago Espel

El taller es gratuito.

Santiago Espel es escritor y periodista, egresado del Círculo de la Prensa. Traductor literario del inglés y editor y diagramador de libros. Actualmente coordina el sello editorial de poesía LA CARTA DE OLIVER. Dirigió esta revista bilingüe (castellano-inglés) entre los años 1990 y 1999. Publicó en poesía rapé, 1988 (Faja de Honor de la S.A.D.E); Pavesas & Muelles, 1990; Misas en Harlem, 1993 (1er. Premio de Poesía Nacional Ramón Plaza); Cantos Bizarros, 1998; La claridad meridiana, 2001 (mención en Certamen Internacional "Letras de oro 2000", Honorarte, y Divisa Honorífica "Horacio Rega Molina", 2003); La víspera sí, 2002; Isoca, 2004, Vulgata, 2006, y 100 haikus, 2008. En 1995 publicó la novela La Santa Mugre o El País de Cucaña, en Grupo Editor Latinoamericano. Su poesía fue traducida al inglés, alemán y portugués. Fue incluído en antologías nacionales e internacionales. Es miembro de la Sociedad de los Poetas Vivos. Integra la revista de poesía Omero. Es integrante de la S.E.A (Sociedad de Escritores y Escritoras de la Argentina). Coordina talleres literarios desde el año 1983. Reside en el Partido de Vicente López.

jueves, 7 de agosto de 2008

Al llegar al colegio, los niños se distancian del placer de leer

"Leche, palabras y caricias. Los niños tienen derecho a esas tres cosas y las tres son iguales en importancia. Esa es la nutrición física y emocional básica". Quien sostiene algo tan bello como rotundo haciendo propias las palabras de sus maestros franceses es la escritora colombiana Yolanda Reyes, de visita en la 19° Feria Infantil y Juvenil de Buenos Aires, abierta hasta el 8 de agosto, en el Centro de Exposiciones porteño.
Responsable del proyecto cultural Espantapájaros, que propicia el encuentro creativo con la literatura y el arte en la primera infancia, esta reconocida autora de literatura para niños asegura que con leche, palabras y caricias se forman lectores de largo aliento, si se comienza en la primera infancia. La autora de Los agujeros negros (Alfaguara) atesora decenas de anécdotas que demuestran que, a los dos añitos, un chico ya sabe elegir los libros de su preferencia. Sólo que, como todavía no aprendió a leer solo, demanda que los adultos se ocupen de ello.
Su libro está precedido de un prólogo tan demoledor como la historia real que le dio origen: la de Iván, un nene de dos años que asistió, escondido en un armario, al asesinato de sus papás y su abuelo, a manos de los paramilitares, una facción que asoló a Colombia hasta su desmilitarización. Aquel trabajo literario surgió de una convocatoria de Unicef en 2000. A Iván, quien leyó el libro por consejo del psicoanalista que lo atendió, está dedicado el conmovedor libro de Reyes.
Espantapájaros nació y creció sin financiamiento estatal. Lo de Reyes es crear "nidos de lectura": se sube al niño a la falda y le lee en voz alta el libro que, antes, el pequeño ha elegido. En un interesante diálogo con La Nación, la narradora dice: "Los niños aprenden, en determinadas épocas, diez palabras al dia. ¿Y por qué aprenden más o menos? Porque dependen de que alguien les hable o no. La calidad de las interacciones afecta la estructura cognitiva y emocional de un chico, es decir, la manera como aprende a pensar, a leer, a escribir. Allí es donde advertimos que el tema se vuelve político y se convierte en una cuestión de equidad. Hay un cambio de paradigma, al descubirse que en la primera infancia está todo".

¿La primera aproximación de un chico a la lectura tiene que ser oral?
Por supuesto, somos oidores poéticos. Lo que oye el niño es la voz de la mamá, no tanto lo que le dice sino cómo lo dice. Por eso existen las canciones de cuna...que son libros sin páginas. La lectura en la primera infancia es muy poderosa en los chicos no muy alfabetizados, porque su tradicion oral es muy poderosa. Cuando trabajas con primera infnacia tienes contacto con la condición humana en todas sus modalidades.

¿Trabaja con niños que han perdido a sus padres o han sufrido secuestros?
Los niños son hijos de significados explicitos y ocultos. Sí trabajo con niños que han vivido situaciones de conflicto. La infancia es el lugar donde se observa la condición humana. El proyecto Espantapájaros es un laboratorio de experiencia pedagógica que se aplica en otras situaciones y ciudades. El proyecto de bebetecas lo acabamos de cerrar en diez ciudades de Colombia, donde trabajaremos con niños en situación de pobreza.

Usted que trabaja con pequeños de cero a seis años, ¿cómo y cuándo se hace contacto con la literatura?
Es la aproximación de los seres humanos al mundo del lenguaje. Todo trabajo descansa sobre la idea de que somos sujetos culturales. Desde los primeros meses de vida intrauterina, estamos metidos en una red de signficados. Cada vez está más claro que los bebes oyen desde antes de nacer e identifican la voz de su madre. Lo simbólico de la comunicación ya está ahi. Una vez un nene de dos años me trajo el mismo libro para que le leyera en tres ocasiones. El título era "Cambios" y hablaba de un caos en una casa por la llegada de una hermanita. Al cabo, la mamá me llamó por teléfono para decirme que no sabía cómo decirle a su hijo que estaba embarazada.

¿Es un prejuicio que los niños no leen?
Totalmente. No sé qué pasa después de los seis años, pero a los ocho meses los ponen frente a un canasto de libros, todos gatean a morder los libros. ¿Qué pasa cuando se pasa a la escuela y a la cultura alfabética? Los niños se dstancian de la caricatura de la lectura en la escuela, cuando esa alfbetización inicial no se hace bien. Es una etapa ardua, en la que nadie les vuelve a decir que los libros se relacionan con lo que ellos son y con lo que tienen en su vida. Si uno hace el trabajo desde la primera infacnia uno construye un nido de lectura para que eso no pase. Ese nido de lectura se construye con leche, palabras y caricias. Un niño quiere que les cuenten cuentos, porque así tiene a sus padres con él. Hay que vincular la lectura con el afecto y con las preguntas esenciales. En los cuentos están las conversaciones sobre las preguntas esenciales que uno puede tener con un hijo.

Dice usted que a los chicos no hay que prohibirles ningún libro. ¿Por qué?
No me gusta prohibirles ni siquiera los que me parecen banales o publicitarios. Crecí en una casa en la que mi papá me alentaba a leer todo lo que cayera en mis manos, porque así me formaría mi propio criterio, la lectura es un espacio de libertad. Los niños tienen una enorme curiosidad y necesitan hablar de la vida y de la muerte, y de todo lp que hay en la mitad. La literatura y su lenguaje cifrado logra decir mucho más que las palabras de la vida real. Los libros tienen conexión con las preguntas fundamentales de la vida. Y los niños eligen los libros con el corazón.


Yolanda Reyes (Bucaramanga, 1959) Escritora colombiana. Inclinada desde muy temprana edad al cultivo de la creación literaria, ha desarrollado importantes labores de promoción y animación cultural en agrupaciones como el colectivo "Espantapájaros Taller", del que ha sido directora.

Especializada en sus inicios en literatura infantil y juvenil, entre sus obras cabe resaltar títulos como El terror de sexto B (1995) y María de los Dinosaurios (1998). Uno de sus cuentos, Los agujeros negros (2000), fue seleccionado por la editorial española Alfaguara para su colección "Los Derechos del Niño", creada por prestigiosos escritores e ilustradores de distintos países de habla hispana para mostrar a los niños y niñas cuáles son sus principales derechos y cómo lograr un mundo más solidario y más justo.

Artículo publicado en el Diario La Nación el 05/08/08

miércoles, 6 de agosto de 2008

Hoy nos cuenta... Irene Evel Cordiano

Escribí el cuento 'La vieja del atado' (que integra el libro 'Cuentos de la vieja del atado'), hace 28 años, cuando asistía a un taller de literatura infantil en la S.A.D.E (Sociedad Argentina de Escritores). Desde entonces recibo satisfacciones, alegrías y mucha emoción cada vez que lo leo en las reuniones de alumnos, docentes y padres, cuando me invitan a Escuelas, Bibliotecas y Ferias de Libros, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y varias provincias del país. Son muchas las personas que se me acercan para comentarme conmovidas que en su infancia conocieron a una mujer parecida a mi personaje: una abuela, una profesora jubilada, una bibliotecaria. A mí me sucede algo curioso cuando termino de leer este cuento. Siento una profunda tristeza y dolor. Lo misterioso es que es pura ficción.


- LA VIEJA DEL ATADO -

Vivía sola, fuera del pueblo, en el pinar. Allá donde al arroyo le brotan susurros y melodías. En una casita de troncos adornada con enredaderas y campanillas.
De tanto en tanto nos visitaba. Y todos los chicos la recibíamos alborozados.
-¡Hola, vieja del atado!
-¡Por fin viniste!
-¡Tardaste mucho esta vez!
-¡Te extrañamos!
-¡Te queremos mucho!
-¡No te vayas pronto!
-¡Contános cuentos!
No era vieja. Estaba marchita. Siempre usó vestidos negros, largos, muy limpios. Y nunca la vimos sin el atado que llevaba sobre la cabeza.
Envolvía con alegres paños quién sabe qué.
Cuando ella aparecía, en el pueblo se aquietaban gritos, risas, pelotazos, carreras.
Tendidos en la hierba, a su alrededor, disfrutábamos de horas maravillosas.
-¿Qué guardás ahí? –y le señalábamos el trapo anudado por sus cuatro puntas.
Jamás varió su respuesta:
-Cosas…
No nos conformábamos. Insistentes y obstinados, hundíamos los dedos en los vistosos parches.
-¿Qué cosas?
-Cosas.
-¿Ropa?
-Cosas.
-¿Comida?
-Cosas.
-¿Recuerdos?
Una pausa y de nuevo:
-Cosas…
Finalmente abandonábamos el juego y nos introducíamos en el mundo de la fantasía, guiados por su voz cadenciosa y por sus manos que dibujaban en el aire mágicas historias.
Eran lindas aquellas largas siestas.
Mientras la tarde dormía, junto a la vieja del atado aprendíamos a soñar. Y gracias a ella nuestra infancia tuvo el sabor de la aventura y del encantamiento.
Después crecimos.
La vieja del atado continuó viniendo al pueblo de vez en cuando. Sin embargo para mí y los demás se convirtió en una sombra. Y durante años pasó, casi imperceptiblemente, al lado de nuestra adolescencia y juventud.
A veces un fugaz saludo:
-¡Adiós, vieja del atado!
Otras ni siquiera una mirada.
Creo que sufrió. Yo era su preferida. Pero no le di importancia. No tenía tiempo para detenerme, Estaban los estudios, el amor, el futuro… y mucho más.
Un día mi hijo mayor entró en casa arrastrando un atado remendado con retazos de colores.
Sentí que una ráfaga de niñez me golpeaba… y supe que ella había muerto.
-Te lo manda la vieja.
-¿El atado? ¿Para qué?
No sé. Ella lo abrió para sacar algo cuando se sintió mal.
-¿Qué había adentro?
Mi hijo se encogió de hombros y terminó de armar un avioncito de papel.
-Cosas.
Echó a volar hacia fuera el avión y fue tras él.
Apreté contra mi pecho el atado. Olía a hierba, como antes.
Poco a poco fueron acercándose aquellas voces infantiles y alegres que iban al encuentro de la vieja del atado.
-¿Qué guardás ahí? –pregunté bajito mientras desataba el nudo.
Sobre la mesa cayeron papeles arrugados y amarillentos.
De pronto me pareció oír la voz de ella, llena de cadencias, que respondía:
-Cuentos, nada más que cuentos…

Irene Evel Cordiano reside en Olivos, partido de Vicente López. Es escritora de literatura infantil y juvenil, egresada del ISER y del taller de literatura infantil-juvenil de la SADE. Sus obras de teatro se han llevado a escena en numerosas oportunidades. Ha sido galardonada en reiteradas oportunidades tanto en concursos de teatro como en certámenes de narrativa breve. Sus cuentos han sido publicados tanto en Argentina como en EE.UU. Ha publicado los libros: Breve Ilusión (Editorial Edipa – 1976), Como un cuento de hadas (Editorial Edipa – 1977), Pensión de señoritas (Editorial Edipa – 1977), Pensión de muchachos (Editorial Edipa – 1978), Cuentos de amor (Editorial Edipa – 1978), El viento que me gusta (Editorial Actilibro – 1986), En la nube azul (Editorial Plus Ultra – 1987), Cuentos de la vieja del atado (Editorial AAL – 1994), Plic Ploc (Editorial Guadalupe – 1995), Un cuento anaranjado y otros cuentos (Editorial Geema – 2000), ¡Qué aventura! – (Editorial Estelar – 2001), Cuentos de la tía Irene para temblar un poco (Shambala Ediciones – 2006)

viernes, 1 de agosto de 2008

Cuentos de Película - Tarnagarsh

Ya hacía dos horas que se encontraba vagueando por la calle, sin nada que hacer, parecía ser otro verano aburrido en el que nada pasaría, no se revelaría ninguna verdad universal, nada de eso por lo que espero tanto tiempo por el tiempo libre.
Como las aventuras no aparecen de la nada decidió que seria hora de usar un poco de su imaginación y crear un mundo en cual poder vivir estos dos o tres meses que duraran sus vacaciones; pero solo no podría hacerlo, necesitaba compañía.
En su cabeza sonaban nombres de quienes podrían acompañarlo, pero todos los nombres que aparecían o se encontraban geográficamente muy lejanos, o ya tenían otras obligaciones, o solo intuía que lo mandarían a freír espárragos.
Igualmente todo es arriesgarse, se encontraba cerca de la casa de su mejor amigo de la infancia, aunque si bien sus caminos los habían distanciado, todavía algo podría quedar, algo de ese lazo mágico que es construido en la infancia.
Toco su timbre casi de memoria, esperó diez, veinte segundos. Cuando ya se estaba impacientando una voz conocida le preguntó:
- Hola que tal, ¿está Guido?
- Sí, ya le aviso.
- ¿Hola?
- ¿Qué tal, Guido? Acá Santiago, estaba formando un grupo para ir de de cacería por el dragón negro de Tarnagarsh, ¿querés sumarte?
- ¿Qué?
- Ir a cazar al dragón negro.
- No puedo es que justo estoy comiendo.
- Ok, no te hagas problema, pero cuando vuelva cubierto de gloria, oro y fama, no te quejes.
- No importa… chau, nos tenemos que juntar un día para un fútbol.
- Veo, tal vez este comiendo.
- Te llamo a las 5 de la tarde.
- A esa hora desayuno.
- Estás en esos días que es mejor perderte que encontrarte.
- Sobre todo si sos el dragón negro de Tarnagarsh.
- Jajaja, dale, si pasás por la morada de los duendes robadles un poco de tabaco blanco.
- No creo, es justo para el otro lado, pero te puedo traer cola de salamandra bordó, tiene el mismo efecto y en Tarnagarsh hay mucha.
- Dale, mi vieja te manda saludos.
- Dale los míos.
Y así nuestro héroe continuó solo su travesía, sabía que en Tarnagarsh encontraría resistencia pero solo la que él mismo generara. Lo bueno es que no habría enemigos inimaginables, lo malo es que no habría ninguna sorpresa. Caminó su sendero de iluminación paseando por lugares conocidos, intentando internarse en lo desconocido. Pero no lo pudo lograr. De golpe casi sin pensarlo, la tierra se volvió cada vez mas árida, el cielo celeste se tiñó de azufre, sus ojotas se transformaron en botas de cuero, sus bermudas se alargaron y le cubrieron todo el largo de sus piernas, una tela escamosa, como escamas de pescado o de alguna lagartija mágica de esas que pululan por los cuentos de hadas, su remera también cambió, no tanto en forma sino que se volvió de un material parecido al de sus pantalones, aunque de otro color, sus pantalones fueron de un beige pálido, su remera, de un rojo anaranjado, su bicicleta se transformó en un poderoso corcel, negro, que podría echar fuego por sus fosas nasales si él se lo permitiera.
Ya estaba en Tarnagarsh o al menos cerca de ella, pero estaba sin un grupo y lo más importante sin siquiera saber donde se encontraba la guarida del dragón, ni una estrategia para matarlo, pensándolo bien ni siquiera tenia armas. Pero eso no importaba, el haber llegado era un logro.
Cabalgaba y cabalgaba sin un rumbo fijo, cuando de pronto vio un grupo de bestias mitad hombres mitad mono acosando a una viejecilla. Eran tres. Se acercó a toda velocidad, en el camino arrancó una rama de árbol, que se transformo casi instantáneamente en una espada, completamente ornamentada con figuras de leones y ornitorrincos. Al verlo llegar con la cara completamente desencajada por al furia y blandiendo una espada, las bestias escaparon, corriendo, no sin antes proferir una maldición: - Ehh gato, te cree’ el rey Arturo vo’.
La anciana agradeció a nuestro héroe y le pidió si no podría escoltarla hasta su morada. El caballero de roja armadura aceptó gustosamente.
Otra vez todo volvió a ser normal, él estaba sentado en su bici, con ojotas, bermudas, una remera y una rama en su mano, acompañando a una vieja a su casa…
Ahora sigue buscando Tarnagarsh; está en su cabeza, sólo que no sabe donde está la puerta.
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Autor:
Santiago Lavia. Su mail es memintieron@hotmail.com